miércoles, 16 de marzo de 2011

Capítulo IV

Levantó los ojos al cielo y notó que no había ni una sola nube, como era costumbre en aquel pueblito portuario. Se cruzó con varios conocidos, hombres que trabajaban en los barcos, como su padre, Mike y Mandy, los dueños de la carnicería y panadería, que eran marido y mujer, y con dos compañeros de escuela de su hermana. Filbert caminaba mirando el suelo y arrastrando un poco los pies, y todo el que lo veía lo saludaba, dándose cuenta de que su estado de ánimo no era el mejor, y lo dejaban pasar sin más.

El chico caminó sin rumbo un rato hasta que recordó la razón por la que había salido, la recomendación de su hermana, y se encaminó hacia allí. El pueblo, como buen sitio cercano al mar, tenía pequeñas montañas y acantilados por todos lados. Filbert trepó a una montaña para ahorrarse cinco cuadras por el otro lado, y desde allí pudo ver perfectamente el campo de juego de football, y ahí, a todos sus compañeros. Lo que es más, las chicas también estaban ahí, Victoria entre ellas. Al verla el corazón de Filbert se aceleró, e, inconscientemente, hinchó el pecho, para parecer más grande. Vio que Vicky saludaba y su corazón casi estalla. No podía creer que Vicky lo estuviera saludando a él. Eso no ocurría todos los días. Orgulloso le devolvió el saludo con la mano, sólo para darse cuenta de que ella, en realidad, saludaba a Nick, el chico pelirrojo que entraba en el campo. La decepción de Filbert en ese momento fue atroz.

Nick y él habían sido rivales desde siempre, desde el momento en que, cuando tenían cinco años, Filbert lo había empujado sin querer y se había disculpado, y el otro, sin importarle las disculpas, había empujado a Filbert haciendo que cayera de cara al barro y que todos se burlaran de él, llamándolo “cara de barro” por un mes luego de eso. Su enemistad duraba desde entonces, y luego, cuando Victoria tomó otro interés para Filbert, también lo hizo para Nick. Filbert tenía la teoría de que Nick se había enamorado de Victoria tan solo para demostrarle a Filbert de que podía conseguir todo mejor y antes que él. Y la verdad es que lo venía consiguiendo. Victoria parecía estar enamorada de Nick también, siempre buscaba impresionarlo, mientras que con el pobre Fil… Digamos que, los días que decidía ignorarlo, estaba siendo buena con él. Ella se daba cuenta perfectamente de los sentimientos que él le profresaba, y por ese motivo, sabía perfectamente que haría cualquier cosa por ella, lo que ella deseara, con tal de arrancarle una sonrisa. Entre otras cosas, le pedía que le comprara meriendas en el quiosco de la escuela, que le pasara la tarea cuando ella no tenía ganas de hacerla, o que peleara contra matones de secundaria sólo para su diversión. Filbert se sentía humillado siempre en estos casos, pero sentía que hacía algo para ganar su afecto, y que en algún momento ella vería quién era realmente él y se enamoraría profundamente y serían felices por siempre. Por supuesto, esto estaba lejos de ocurrir.

Apartó la vista del funesto campo de juego, en el que él, hoy, no iba a poder impresionar a Vicky, y siguió su camino. Instantes después llegó al pequeño bosque que estaba al este de la ciudad, y apartando algunas malezas se internó en él. Llegó al otro extremo al cabo de diez minutos, y desde allí pudo ver la cueva que lo conduciría al lugar que buscaba. Poca gente allí conocía esa cueva; la había descubierto él a la edad de siete años, cuando buscaba un lugar donde esconderse de las burlas de sus compañeros. Todo el que pasara por ahí vería una formación rocosa extraña, pero quien mirara desde otro ángulo vería que se trataba de una fina abertura en la piedra. Para introducirse por ella había que saltar desde una rama y no caer al mar, ya que el vaivén de las olas podía aplastarte contra el acantilado, y lastimarte peligrosamente. Una vez dentro de la cueva Filbert había descubierto una abertura a unos cinco metros, en donde acababa abruptamente contra la pared.

Esta vez recorrió el conocido camino no sin antes constatar que nadie lo estuviera siguiendo, ya que no quería contarle a nadie sobre su lugar. Ese era su lugar secreto en el mundo, nadie más conocía de su existencia, y era, además, el lugar más bello de la Tierra para él. Cuando llegó sintió la oleada de felicidad que siempre sentía al entrar, y le sonrió a las plantas y árboles, incluso al lago que se convertía en mar.

Estaba en Su Bahía.

1 comentario:

Aiisha dijo...

me fui de vacas y cuando volvi habias avanzado un monton, asi que ahora me voy a poner al dia.. y despues te digo en conujunto que onda. por lo que yo habia leido, me sigue gustando, esta bueno.. :)